La Máscara Libia y el Mundo Desenmascarado

Publié le par Daniel Castro Aniyar

El baño de sangre en Libia está claro. No en la voz de las ONG ni en los sufridos discursos de los presidentes, sino en las declaraciones del mismo Gadaffi y su hijo. A pesar de eso, en el mundo a todos les pesa la máscara libia: Cada quien tiene una máscara diferente según cada interés, aunque todas son hechas en el mismo país, con el mismo poliuretano.


Este baile de máscaras refleja el irregular tejido de intereses que definen la diplomacia, los discursos sobre Derechos Humanos, las ideas de supremacía y los motores del sistema económico.


Observemos la siguiente matriz de declaraciones:

 

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Lo primero que puede saltar a la vista es que los países más aliados a Libia parecen estar en el eje radical antiimperialista. Y en el eje conservador-democrático estarían los más dispuestos a resolver el problema con bloqueo y/o fuego, en nombre de los ciudadanos libios.


Pero si nos fijamos atentamente no es así. Ahmenideyad coincide con Zapatero y la neoderecha europea está cerca de Fidel Castro. Evo Morales con Brasil e Israel. Italia y República Checa se deslindan de Europa, EEUU y Australia.


Es que Gaddafi tenía la inefable virtud de ser un aliado de los anti-imperialismos, un importante socio comercial de Europa, ex-terrorista, socio petrolero con vocación de reinar sobre el mundo musulmán y/o África, la cabeza visible de un sistema de 4 grandes tribus, un socio migratorio de Europa y un hombre de palabra.


En su aparente radicalismo, se cruzaban todas las ambigüedades ideológicas que pueden surgir de la unión entre un orgulloso beduino y la globalización. En su menos aparente pragmatismo, se cruzaba el funcionamiento del sistema político y económico.


De tal modo que Libia es como el guión de una teleserie de grandes ricos… como Falcon Crest.


Y éste es el sistema que Libia fotografió:


Venezuela ve en la caída de Gaddafi otra posible entrada de los EEUU y la UE al mercado petrolero, con ello, un desbalance en sus apoyos en la ONU (países árabes y países africanos con petróleo, como la recién dividida Sudán) y en la OPEP. Para ello, intenta con mucha dificultad comparar a Libia con su golpe del 2002.


Sin embargo Irán, también socio petrolero,  tiene un plan de liderazgo a corto plazo con la agudización de las revueltas árabes y se alía con una sociedad civil musulmana y tendencialmente guerrerista; tiene su mirada puesta en Bahréin, Siria, Egipto, Líbano y Jordania.


Otros países de la izquierda latinoamericana como Bolivia, se alían con la imagen civil de Libia, para limpiar cualquier residuo pro-dictadura en sus discursos, a efectos de sus luchas internas. El mismo Correa enfrenta unas declaraciones un poco improvisadas a favor de Gaddafi en el 2008, quizás buscando apoyos para entrar en la OPEP[1].


Los países centrales que quieren controlar directa o indirectamente el petróleo libio son de dos tipos. Los que pueden invertir, tomar y ganar, y los que no pueden invertir para tomar y ganar. En los primeros (EEUU, España, Gran Bretaña, Francia y Alemania) Libia impacta su bolsas de valores entre -1,02 y -1,44%. En los segundos (Italia[2], Rep. Checa y Grecia), Libia las impacta entre -1,5% y -3,48%.


“Los segundos”, lógicamente, no están a favor de las sanciones, a pesar de que Italia pudo ser el país llamado por el Consejo de Seguridad de la ONU para dirigir una intervención, como se hizo entre Australia y Timor Oriental.


La máscara posible y quizás deseable para todos es la partida de Gaddafi, a motu propio. Que alguna de sus tribus rivales, los Zuwaya, los Tuareg o los Warfala, armados desde hace siglos, avancen como lo han hecho, y se reestablezca el gobierno.


Pero la realidad verdaderamente deseable es que los 200 ó 1000 libios muertos no hubieran sido exterminados como drogadictos, mercenarios extranjeros, ratas, “ejecutables”, islamistas, jóvenes inmaduros o criminales violentos, tal como se les llamó antes de morir.

 


La realidad verdaderamente deseable es que las máscaras se hubieran retirado antes.

 

 

 

 



[1] En esta matriz de declaraciones, solamente no coincide Nicaragua. ¿Qué interés puede tener Ortega en apoyar a Gaddafi?.

La declaración completa revela un error “de asesoría”. Declara:

Él está librando nuevamente una gran batalla”. Pero luego argumenta su apoyo a favor de la democracia: “…esos pueblos árabes quisieran tener la posibilidad de resolver sus problemas dentro de un marco constitucional que construyó, estableció, heredó, la Revolución Sandinista”.

Como Gaddafi y Democracia no parecen ser conceptos muy cercanos, el presidente Ortega revela una incomprensión  sorprendente del tema del Medio Oriente.

 

[2] Para mayor máscara,  es el mismo Ministro de Relaciones Exteriores italiano quien reconoce “posiblemente” 1000 muertos en Libia. Mucho más que los 300 ó 400 que denuncian las ONG.

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