La Lección Libia.

Publié le par Daniel Castro Aniyar

 

 

 

Algunos sicólogos, cuando estudian la estafa, hablan del estafado no como una víctima, sino como “el usuario de la estafa”.  Esto es, muchas víctimas propician la estafa porque viven su vida según el relato de que "ser estafado produce..." protección, compasión, interés... etc.

 

Violadas que buscaban que las violaran, madres que ponían en riesgo de muerte a sus hijos para conseguir misericordia, mártires que prefieren ser aceptados después de muertos que vivos… la lista de ejemplos es larga y muy bien documentada, teórica y prácticamente. Nada de eso exculpa al estafador, al violador, al asesino de niños, o al simple autor de la muerte. Solo que no hay buenos ni malos. “El usuario de la estafa” se coloca en el mismo juego que el estafador, y ambos están dispuestos a llevar su rol a la perfección. Igual sucede con los demás casos.

 

¿Qué tipo de relatos anidan en la cabeza de un jefe de Estado? Jugar el juego de la política requiere de relatos firmes, porque la inestabilidad es mucha y peligrosa. Por lo tanto, esos relatos también pueden ser muy peligrosos, de firmes son.

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¿Acaso un presidente estafador no necesita a un pueblo que le siga el juego?. El pueblo puede romper sus vestiduras y presentarse como víctima de la maldad, pero también es cierto que los pueblos definen el funcionamiento de toda sociedad. Si un pueblo no quiere jugar más, no se puede jugar más.

 

Un pueblo que se libera realmente, no solo se quita de encima un jefe de Estado estafador, también entiende que más nunca jugará el papel del “usuario de la estafa”. Esta idea está en la base de las reflexiones Sócrates y Pericles sobre la Democracia. Es la idea que lleva a Hegel a pensar en la relación entre Amo y Esclavo. Es la idea de Emancipación de Marx. 


Es la idea más importante para todo desarrollo democrático: el Poder Político, por muchas armas y dinero que posea, depende de los sujetos que manejan las armas, el mundo material y el dinero. No hay más coerción posible que la que se  produce un pueblo a sí mismo.

 

Lo mismo sucede cuando un Jefe de Estado se ha vendido como Mártir de la Patria. La función del mártir político y religioso es loable: contribuir con su sacrificio a una conciencia política y religiosa más emancipadora. Allende y Jesús son dos buenos ejemplo. Pero cuando el mártir actúa para negar la condición del otro, el mártir solo está sacrificándose por su propio y egoísta relato.

 

Cuando un terrorista yijaidista se inmola, sobre todo si tiene 15 años,  se está inmolando por su madre, por su grupo de cercanos, por su “tribu” nacional o política, porque cree que el Islam debe predominar sobre todos los demás pueblos y religiones. Como se inmolaron algunos de los musulmanes que pusieron la bomba en Madrid, cuando vino por ellos la policía. O el Noruego que mató todo lo que pudo y que hoy está en la cárcel. No emancipan. Crean compasión solo para un grupo. No invierten, solo gastan, para decirlo en términos económicos. No inspiran una nueva humanidad, dan testimonio de su pobreza.

 

La Plaza de Tahir es un sacrificio liberador. La inmolación de Gadafi no.

 

Porque la muerte de uno mismo es un acto que indica la muerte de los demás. La existencia de uno está intima y mánticamente ligada a la existencia de los otros. Morir es un acto de la humanidad, no de un grupo.


Es aún peor cuando un Jefe de Estado, o un líder de la Revolución, como se le llama a Gadafi, se inmola.

 

Luego de décadas de crueldad y asesinatos, de crear un país militarizado y aterrorizado a la sombra de un capitalismo que prefiere pagar petróleo barato a cambio de sangre, Gadafi cree que tiene un puesto en la historia inmolándose. Realmente, tiene un puesto en su propio relato. Le está poniendo lo que él cree que es un final feliz a su propia leyenda. Pero muy pocos viven en esa leyenda libia de buenos y malos, en la que los buenos de Gadafi cada vez son menos e incomprendidos.

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Europa, por su parte, también compraba el relato de que Gadafi era así de excéntrico porque Libia es un país de las novelas de Mahfuz.

 

Entre Europa y Gadafi, el juego de la estafa es perfecto. Solo que no se sabe quién es más estafador que estafado. Poco importa.

 

Mis muertos importan. Los tuyos también. El juego de la estafa, que es lo que menos importaba, fue el que los mató.

 

 

 

 

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Gendrik MH 06/09/2011 19:16


Prfesor que tal, muy reflexivo el artículo, nada condescendiente. El pasaje en donde reflexiona sobre la muerte: "Porque la muerte de uno mismo es un acto que indica la muerte de los demás. La
existencia de uno esta intima y mánticamente ligada a la existencia de los otros. Morir es un acto de la humanidad, no de un grupo" me hizo recordar aquel verso de uno de los grandes juglares
colombianos Juancho Polo Valencia en la canción que popularizó Carlos Vives "Alicia Adorada": Donde quiera que uno muera toda la tierras son benditas...


Daniel Castro Aniyar 09/09/2011 19:17



Amen. La palabra de Alicia Adorada es bendita. Así es.



Marina 24/08/2011 06:56


Gadafi es un gafo...ahora para los norteamericanos y otras culturas alienadas, Gadafi es el próximo a capturar después de Bin Laden... Gadafi esta perdido de gafo, sí piensa que Matusalén lo
salvará o Chirulí le avisará.


Daniel Castro Aniyar 30/08/2011 18:56



:-)



SERPIL 24/08/2011 06:44


Cuando leo la realidad árabe apartir este año, me siento nada y nadie en el mundo ¿Cómo es posible llegar a la Democracia a traves de la violencia militar? Es a traves del voto, sufragio, consulta
popular,que llega una Democracia.
:(


Daniel Castro Aniyar 09/09/2011 19:17



Depende. Una cosa es cómo queremos que sea y otra es como es. ¿No?