Jeudi 3 mars 4 03 /03 /Mars 14:00

 

Ya se ha convenido que en Libia sí hay una guerra civil. La prueba más evidente, en caso de que la solicite otra vez el hijo de Gadafi, Saif Al-Islam Gadafi, la pone Amnistía Internacional: A finales de Febrero los hospitales han estado llenos de centenares de civiles acribillados, los ángulos de fuego revelan que algunos fueron atacados desde el aire. Luego, a partir de Febrero, los hospitales están llenos de combatientes acribillados.


Esto no deja lugar a dudas a que las declaraciones de miles de civiles que intentan refugio y claman por ayuda, son simplemente veraces.

 

¿Pero una Guerra Civil entre quienes? De un lado, lo sabemos, Gadafi, las tropas leales, y la población que lo apoya fundamentalmente en Trípoli. ¿Y del otro?.


1. EEUU y la UE se complacen con actores genéricos: “La Oposición”, “Los Rebeldes”, “Los Manifestantes”, “La Insurgencia”, “La Sociedad Civil”... Según este ángulo todo luce como una película de Hollywood: ante la extrema crueldad de un Dictador, surge un hábil y ordenada organización política que logra controlar más de la mitad del país en 4 días y pone en jaque a Trípoli. Pero eso no puede ser. La población civil, llena de ira por la represión no aprendió de repente a manejar obuses, artillería, kalashnikovs, se estructuró en mandos ordenados, creó “comandos unificados” como sucedió en el Este, y solicitan “a la ONU” un ataque aéreo.


2. Cierta izquierda minoritaria aborda este punto con la receta de siempre: todo estaba “fríamente calculado” junto a la CIA, la OTAN, el Mossad, el Departamento de Estado y, según las apetencias, Al-Qaeda. Según esta óptica, los rebeldes estaban entrenados, financiados o auspiciados por los EEUU, y al grito de “Go!” se convirtieron en un argumento conveniente de los EEUU y la UE, tal como lo demostraron en Irak o Sudán del Sur (Vivas y otros, Aporrea, 2011). De hecho, el propio Gadafi encarceló y ejecutó en 1995 miembros de sus Fuerzas Armadas porque habrían recibido órdenes de los EEUU (Refworld-ACNUR-Oficina de Refugiados de Canada, 1995).


Pero esta hipótesis no explica el tamaño ni la velocidad de esa respuesta militar.


3. Luego, por supuesto, está la versión de Gadafi y su hijo. Una versión anormalmente simple. Los manifestantes pacíficos fueron “perros”, “ratas”, “drogados”, “mediatizados” y “jóvenes inmaduros”. Ahora, los rebeldes armados representan a Al-Qaeda.


Pero Al-Qaeda, que suele trabajar con la técnica foquista, tampoco parece poder guardar un ejército en la sombra y sacarlo con tal capacidad de movilización.

 

4. En una entrevista que realizamos personalmente a Sliman Buchiguir a través de Le Monde, en representación de “La Oposición libia”, o del “Post-Gadafi”, también nos dio una versión sorprendentemente simple de la composición de los insurgentes (Bouchiguir, Le Monde, 2/3/11). Según este reputado interlocutor:


La revolución ha sido organizada por jóvenes a través de Internet, Facebook, Twitter... Evidentemente, las tribus no conocen bien esas herramientas”…


…“No hay oposición estructurada sino algunos movimientos. Estas ideas no están estructuradas en partidos políticos ni en otras formas de organización. Gadafi ha engañado de tal manera a los libios, que éstos van a superar todos los obstáculos para deshacerse de él”.

 

Buchiguir repite, desde dentro de Libia, el mismo punto ciego e inocente del eurocentrismo mundial. Casi sin matices. 


Nadie dice lo que pasa. ¿Quienes son los insurgentes?:

 

el-punto-ciego-de-Libia.jpg


La respuesta está en “las tribus”: los Warfalah, los Akr Ayyer (provenientes de los Tuareg de Níger), los Zawiya, los Magariha. Misurata (que incluye a los Zuwaya, Dababisa, Al-Sawalih, Al-Jarsha, clanes-familias como El Mahoub y Zamoura, y cacicazgos como Kawar). Al-Awaquir, cacicazgos como Abdiyat, Al Mujabre, Masamir, Faryán, Masrata y otros clanes y familias importantes (Hatitah, Aawsat, 2011).

 

Gadafi forma parte de un grupo pequeño que no tuvo poder hasta la llegada de la Revolución, los Gadafah.


A los efectos de este artículo, es fácil mostrar el peso social de las “tribus” en dos indicadores:


1.    El 85% de la nación tiene filiaciones tribales. El 15% restante descienden de inmigrantes y mezclas no clasificables entre las mismas tribus.

2.    A pesar de ser tribus de ascendencia paterna (filiación patrilateral no territorial), se reconoce una importancia secundaria para las filiaciones maternas y casi todos ellos reconocen para sí un territorio original, donde aún vive la mayor parte. Ésta es una geografía estimada de los poderes familiar-tribales de Libia:

 

libia.jpg 


Todo esto produce una enorme complejidad política para los observadores externos, incluso para muchos analistas libios. Las “tribus”  fueron revitalizadas cuando la Revolución les asignó cuotas de poder, les otorgó privilegios para participar en los Comités Populares, y les protegió de las tensiones internas y externas, durante el período terrorista. Entraron en las Fuerzas Armadas Libias y se les dio el derecho a la autoorganización militar para defender sus intereses paraestatales.


Los Masrata tienen ascendencia directa en el alto gobierno libio, pero los Mahariha parecen ser los más poderosos e influyentes. Los Zawiya, los Warfala y los Misurata hacen el núcleo más numeroso.

 

El interjuego político depende de esos actores cuyas redes son, visto está, más poderosas que las ahora llamadas “redes sociales”. Los vínculos tribales son estables, sostenidos por alianzas matrimoniales, por sistemas de transmisión de herencias y dotes, son organizaciones legítimas en un país donde militar en partidos políticos y ONG supone la pena de muerte. Comparten unos más que otros, poder político y militar en la Libia de hoy. Es con ellos solamente que se podrá construir una Libia post-Gadafi, a la que tantos apuestan.


Una intervención militar norteamericana invisibilizaría esta realidad, haciendo otra vez al tejido social vulnerable.


Un acuerdo de paz, una propuesta que debió salir de la ONU y no de Venezuela, es el escenario propicio para una transición que visibilice un tramado de los reales poderes políticos culturales y familiares que hacen vida en Libia. Es el escenario de la deseada Democracia.


Meter otro grupo étnico en el juego, el norteamericano, no resolverá más de lo que complicará.

 

Par Daniel Castro Aniyar
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