El Gran Juego.

Publié le par Daniel Castro Aniyar

Estas son las claves del juego, sus éticas, su manual de instrucciones.


a. Las crisis globales son preparaciones de guerras globales.

b. Tu adversario no es el que dice serlo, sino de quien depende tu derrota.

c. Si están por cesar tus fuentes de acumulación de riquezas, tienes que renovarlas o ellas te transformarán.

d. Si eres amo, eres esclavo de serlo.

e. Si eres esclavo y nadie te esclaviza, es porque quieres ser amo.

e. El enemigo es grande o pequeño según tu propia  capacidad o incapacidad de grandeza.

 


Ahora comienza. Es el Gran Juego, el que comienza con una breve jugada en Libia:


1. Como el peor de los alumnos de un curso de judo, Gaddafi reta la gran fuerza porque cree que la va a derrotar. Además, reta a un sector gigantesco de su propio pueblo, los humilla y los aniquila. No acepta diálogos con ninguna de las partes. Solo cree en una sangrienta ilusión de grandeza. No acepta el presente, pues cree que esa ilusión de grandeza le permitirá negociar mejor una salida. Inconsciente de sus propias fuerzas, el gigantesco vecino lo aplasta y busca quedarse con sus migajas.


Yo conozco a Gaddafi en algunas etnias del desierto venezolano. Lleno de signos clánicos, espera la llegada de un palabrero que no va a venir. Un intermediador que le cure lo que más le duele: el orgullo.


Aún luego de los bombardeos, Gaddafi lamenta la traición italiana y francesa. ¿Lamenta la traición? ¿Qué idioma habla?.


Los otros, en cambio, hablan un idioma numérico. Se llama Brendt, Ibex 35, Nikkei…


¿A quién sorprende que sigan muriendo civiles, ahora por manos francesas? El terror global ya no se oculta. Italia, antigua socia de Libia explica la lógica de todo con extrema simpleza: “queremos compartir la Libia post-Gaddafi”, dice su canciller.


2. El gran tablero, sin embargo, ha cambiado. El tablero ya no es Libia.


EEUU y Europa han perdido fichas cruciales en toda la periferia islámica: siguen sin controlar Afganistán, no controlan Paquistán, son inestables en Yemen, Egipto, Jordania e Irak. Bahréin y Libia son posibles polvorines “anti-occidentales”. Irán sigue en su sitio de guerra. Hace meses se sumó el Líbano en manos de Hezbollá. Menos inestables, pero inestables, Túnez y Marruecos. La Siria antiestadounidense es todo un caso, comenzaron secretas conversaciones  de paz con Israel y ahora un movimiento prodemocrático protesta en sus calles. EEUU y Europa solo parecen haber ganado la solitaria ficha petrolera de Sudán del Sur, que, por cierto, no es musulmana.


La situación es lo suficientemente confusa como para que los EEUU y Europa no sepan aún si deben celebrar. Nadie sabe si la ola llevará al mundo musulmán a democracias, islamismos o simples gobiernos pro-occidentales. Nadie sabe si se dividirán, y quién quedará donde. Si el terrorismo se extiende, si la inercia dictatorial se instala o si será la victoria del pajarito feliz de Twitter, dialógico y democrático.


3. ¿Y los demás?


El premier iraní está lleno de esperanzas. Como si hubiera sido un viento profético, sus enemigos se desploman solos. Además, el elefante estadounidense y europeo sigue rompiendo cristales humanos, poniendo todo al revés. Obama está muy preocupado en no levantar más sentimientos anti-estadounidenses. Pero Libia no va a ayudar.


El premier iraní no ha tenido que hacer nada y, sin embargo, ha pasado a la ofensiva. El premier iraní dijo hace menos de dos meses: “Ya está cerca el día en que 7 mil millones de personas (la población mundial) hablen farsi (la lengua iraní)”.


¿Qué significa eso?


Envía buques militares a través el canal de Suez, al Mediterráneo, hacia Siria y Líbano. Humilla a una periodista española porque se le caía el velo que le cubre el pelo: “Ustedes son los que han vendido estas armas, ustedes son los culpables” … “¿Es Ud. abogada de esa gente [los opositores iraníes]?” y se rehúsa a responder.


Irán lo dice claramente: la amenaza, el diablo, es Occidente. No es el imperialismo, ni el guerrerismo, ni el capitalismo, ni los antiecologistas, ni la energía nuclear, ni los pueblos alienados. La amenaza es Occidente, el cristianismo, el judaísmo, su cultura de la soberbia. La amenaza son (somos) los apóstatas. Las mujeres que se les cae el velo. Las lapidables. La “corrupción”.


El gobierno del Presidente Chávez, que cree que todo lo que se mueve baila, se suma a ese concierto confuso, distónico y le suma su propia versión profética del fin del capitalismo.


Luego, como si fueran todos parte de un guión perverso, aparece la infinita torpeza de los EEUU y Francia, matando civiles usados como escudos humanos, o como sea. Ahora es la derecha europea la que sorprende: los mismos ingleses se retiraron cuando vieron a los civiles proteger las instalaciones de mando. Alemania solo observa e Italia hasta ayer estuvo en contra de la guerra.


4. El tablero tiene fichas calientes, algunas tóxicas. Tiene muchas manos jugando y no se sabe el color de las piezas. No se si sabe si ganarán uno, dos o ningún jugador. No se sabe, ni siquiera, si el tablero mismo quedará destruido por la guerra, lechugas contaminadas o un nuevo tsunami.


El tablero, además, esconde una ficha irracional. Una ficha mágica, maldita, que juega sola, sin jugador. La ficha del odio.

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