Caracas, Cabimas.

Publié le par danielcastroaniyar.over-blog.com

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Una vez escuché a Eduardo Galeano en París. Allí, ante una mirada culta e indiferente, Galeano habló de Cabimas: una ciudad cuyas calles y barrios llevan por nombre “Gasplán”, “Cabillas”, lotes de extracción (R10, R5...la H, la L) y finalmente, campos petroleros, fundados por norteamericanos, llamados Hollywood o Las Cúpulas. Sin embargo esta ciudad contó con Rafael Vargas quien, contra toda apuesta, hacía gallos de colores a Cabimas, le devolvía su madera, ponía en su patio turpiales, azulejos con pintura de ferretería, pintaba matrimonios nobles, cortejos felices, pájaros observantes montados en los árboles que las industrias petroleras le habían arrancado de las entrañas.

De esa narración se aprenden cosas como que la acumulación capitalista inhumaniza si no se la controla. Que el abandono oficial proviene de la misma lógica de acumulación. Que la soberanía también es un asunto de gallos de colores. Y también que cuando la marea empuja todo a la deriva, el pequeño bote que la reta puede reventar, estallar cruelmente contra los riscos, pero es el único que tiene la posibilidad, aunque sea mínima, de escapar. Por eso el loto luce mejor en el fango, o el semeruco y el dato son joyas del desierto, o la maravilla es precedida por la desgracia.

Yo que soy maracucho de convicción, digo (y lo negaré si me citan) que Caracas es una ciudad valiente y hermosa en el fango, la sequía y la desgracia. He visto intereses depredando sus calles por pedazos. He visto al ejército disparando aquel 27 de febrero. Las redadas del pasado, los jíbaros, el tráfico, la impotencia. Cabrujas decía que una ciudad que cambia tanto es sicótica. Pero también la he visto votar por Prieto, Velásquez (esto significó algo) y luego Chávez, arañando nuevas esperanzas sin sosiego. La he visto sacudirse junto al ejército un 13-A. He visto sus sueños en Catia, La Vega, su Salsa, la Orquesta de la Juventud Venezolana, en Fantoches, en Bárbaro Rivas, en ucevistas asediados a tiros desde helicópteros o en cada héroe anónimo. 

A pesar de todas sus negaciones e inhumanizaciones Caracas es una Beirut y es un David. Caracas muestra sus huecos de bala y dice al mundo tener un lugar en los sueños. Como no ha ganado su guerra, sus flores lucen más. Sus gallos de colores, escondidos tras el parloteo incesante, tienen el brillo de las cosas por venir.

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